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Articulos de PERSONAS CON DISCAPACITADAS

Artículo publicado en PERSONAS CON DISCAPACITADAS

Todos somos discapacitad@s

Publicado el 24/03/2010

Respetar y entender el mundo de la discapacidad empieza por saber nombrarla, y sobre toso saber vivirla. ¿Qué termino es el más adecuado?

Para saber de qué estamos hablando cuando nos referimos a una persona con discapacidad y así entender mejor nuestros próximos encuentros virtuales, creo que sería bueno hablar un poco de ello.

Voy a hacer, en primer lugar, referencia a las definiciones dadas desde la Organización Mundial de la Salud en 1983, relacionadas con la discapacidad:

Deficiencia: “… es toda pérdida o anormalidad de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica.”

Discapacidad: “…toda restricción o ausencia (debida a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para un ser humano.”

Minusvalía: “… es una situación desventajosa para un individuo determinado, consecuencia de una deficiencia o discapacidad, que limita o impide el desempeño de un rol que es normal en su caso…”

Aunque estas definiciones fueron hechas hace ya 25 años creo que es importante analizarlas para llegar al concepto actual de discapacidad. Los seres humanos nos diferenciamos de los animales en el uso del lenguaje, que nos permite, además de pensar, razonar. Cada palabra o concepto lleva asociado consigo una idea, una idea que cambia y evoluciona a través de su uso a lo largo de la historia. Por ejemplo, un colega es un compañer@ de profesión, mientras que desde hace unos años también se le llama colega a un amigo en tono muy coloquial y pasota. Con esto quiero decir que aunque en una época dichos términos puede que fueran apropiados, ahora deben ser revisados y/o ampliados.

No podemos encajar a nadie en una palabra que ya de por sí es del todo peyorativa, me refiero al término minusvalía,minus (menos en latín), valía (valor), por lo tanto a aquella persona que se le asigna esta palabra se le está atribuyendo un grado inferior, y personalmente no creo que ninguna persona sea peor que otra, simplemente es diferente y válido a su manera, consecuentemente pienso que este término debería ser destituido de nuestro leguaje, aunque lo veo bastante complicado, ya que desafortunadamente está presente en la mayoría de señales y símbolos que nos representan. Otro de los términos que se ha acuñado es el de deficiente, que además de ser una calificación académica que equivale a no apto, o algo que falta, y por lo tanto también es peyorativo, suele también hacer alusión en el lenguaje actual a una persona que padece trastornos mentales, y prácticamente no incluye a los otros tipos de discapacidades.

La última definición que hay que comentar es la de discapacidad, la cual creo que está bastante ajustada al lenguaje actual, pero aun así es del todo conveniente que maticemos y nos preguntemos ¿Qué es lo normal para un ser humano? Aparte de eso hay otra cosa, que es que el término discapacitado/a jamás debe ir solo, pues las personas con discapacidad ante todo somos eso: personas, no animales, u objetos, o discapacitados/as, sino personas que tenemos algún tipo de discapacidad. Y entonces volvemos a preguntarnos y ¿qué es tener algún tipo de discapacidad? ¿Qué es una discapacidad?

Si nos basamos en la definición dada por la OMS, discapacidad es la incapacidad de poder realizar algo con normalidad, pero ¿de verdad hay formas normales de realizar las actividades? Es en estos momentos cuando me gustaría mencionar una frase que dijo una humorista inglesa que tenía parálisis cerebral: “¿Que si me gustaría ser normal? No!! Ni de coña!! El mundo sería muy aburrido si tod@s fuéramos personas con discapacidad.”

Esto está dicho a modo de chiste, pero personalmente creo que tiene toda la razón y es una de las frases que recuerdo cuando alguien me hace sentirme extraña; ser normal es ser como es ella, igual que para cada persona la normalidad es hacer como ella los hace. Un ejemplo claro y muy simple sería el de las horas de levantarse un domingo: para mí, lo normal un domingo es levantarme a las diez, pues he dormido lo suficiente, así que una vez he desayunado y me he duchado, hacia las doce, llamo a mi amiga al móvil, ésta me contesta toda enfadada, porque la desperté. Cuelgo y pienso: pues que no se queje, que mi vecino me ha despertado con un portazo a las ocho cuando se iba a correr. Entonces ¿cuál es la hora normal de levantarse? La respuesta es bien sencilla: cada persona a su hora. Lo que quiero decir que nada es anormal o normal, pues ello dependerá sólo de la persona que realice la acción y con la frecuencia que lo haga, de modo que nadie es anormal ni nadie es normal, simplemente somos diferentes personas con diferentes costumbres.

En definitiva, si nos ceñimos a las definiciones dadas por la OMS, éstas nos están indicando que las personas que tenemos algún tipo de discapacidad somos las que realizamos algunas actividades de nuestra vida cotidiana de forma no normal, lo que supuso el nacimiento de los términos anormal (no normal) y subnormal (por debajo de lo normal), ambos altamente despectivos. Sea de la manera que sea, la discapacidad siempre se ha visto como algo malo, no deseado, y por lo tanto que se debe paliar. Por supuesto que se ha evolucionado implantando algunas adaptaciones técnicas y, en general, avances en medicina, pero por el contrario prácticamente no se ha luchado para ofrecer una visión más positiva de nosotr@s. No obstante, debo decir que en los últimos años la cosa, aunque lentamente, parece estar cambiando. A mi modo de ver la visión negativa empieza por la designación con que se hace referencia a una persona con discapacidad, así como por el tono que se usa cuando se pronuncia esa palabra, siempre como algo inferior y de menor valor. Por esta razón, (aunque creo que nuestras concepciones sobre las cosas y elementos tan significativos como el tono de voz son, debido a la educación, muy difíciles de cambiar) pienso que hay que empezar a utilizar palabras que no estén asociadas a ideas peyorativas, utilizando otras nuevas; sólo así, con el tiempo, cambiaremos el tono y la concepción que se tiene de la idea de discapacidad en sí. Pero ¿qué palabras? Yo me inclino por el término acuñado por el Foro de Vida Independiente , que nos invita a utilizar: Personas con diversidad funcional.

Y ¿de dónde viene eso de personas con diversidad funcional? Es un término nuevo al que tal vez nos cueste dar la bienvenida a nuestro lenguaje y hacer que se sienta cómodo. No obstante, lo bueno de estas palabras es que no contienen ninguna concepción peyorativa hacia la persona a la que se están refiriendo, pues al ser nuevos no tienen una historia como puedan tener las otras denominaciones que he estado comentando. Diversidad funcional, viene a significar diferentes maneras de desempeñar una determinada actividad de la vida diaria. Por ejemplo, a la hora de comer, hay quienes comen deprisa, otros despacio, con cuchara, con tenedor, con palillos, con las manos, a los bebés les da la papilla su papá o su mamá, a la gente mayor sus hij@s, los enamorados se la dan el uno al otro, el«single» come sólo, los abuelos siempre tienen a la familia comiendo en casa... podría continuar pero voy a parar, ya que hay infinitas formas de comer, y todas ellas igual de válidas, aunque diferentes. Las personas somos únicas y por lo tanto diferentes, creando así una valiosa y rica diversidad, que algunas personas intentan paliar mediante una especie de globalización, sin darse cuenta que es precisamente esa diferencia la que nos hace ser iguales.

Por otro lado, absolutamente todo el mundo necesita más o menos ayuda para realizar alguna de las actividades diarias (algunas técnicas y otras humanas), o simplemente no les gusta realizarlas sola (quizás a mí no me guste comer sola). Somos animales sociales a los que nos gusta vivir en sociedad, eso sí, una sociedad que no nos desprecie por ser diferentes, puesto que tod@s somos diferentes y eso es lo que nos hace ser únicos e iguales.

Con el fin de zanjar este apartado quiero hacer reflexionar al lector/a sobre la diversidad funcional formulándole una pregunta ¿considera usted que tiene alguna diversidad funcional? Me explico, a lo largo del día de hoy seguramente usted habrá necesitado de una escalera o silla para llegar a algún sitio, o le habrá solicitado ayuda a la persona que tiene a su lado por ser ésta más alta, o le habrá pedido a alguien que le eche una mano con un problema de ordenador, o a traducir algo que no entiende, o sencillamente llevará las gafas puestas para leer estas líneas. Posiblemente no me haya equivocado, todas las personas necesitamos ayuda en un momento dado. Por lo tanto, basándome en lo que acabo de decir, no me queda más que afirmar que de algún modo tod@s tenemos alguna diversidad funcional, bien porque no podemos realizar una determinada acción, o no comprendemos algo y necesitamos ayuda, ya sea técnica o humana.


Marta Senent. Experta en género y Discapacidad. Equipo AyudasPsicológicas

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